“Respirar juntos es una forma de quererse” Entrevista con Clem, de Morada Yoga

Este mes en la Newsletter de Gatea hablamos con Clem, de Morada Yoga, sobre cómo el yoga puede ayudar a las familias a parar, a respirar y a reconectar desde lo sencillo.

Su enfoque se aleja de la exigencia. Se adapta a quien llega, sin importar su energía, sensibilidad o experiencia previa. Nos cuenta cómo el movimiento y la respiración pueden ser herramientas útiles en el día a día con personas con TEA.


 

GATEA: ¿Cómo se adapta tu enfoque del yoga a las necesidades de personas con TEA y sus familias?

CLEM: Mi enfoque parte siempre de la premisa de que no existe un único yoga que funcione para todas las personas, y que cada cuerpo, cada sistema nervioso y cada forma de comunicarse necesita ser escuchada con atención. Con personas con TEA, esto implica crear un entorno predecible, seguro y sensorialmente amable, donde el ritmo, la estructura y la claridad sean parte del sostén.

Trabajo con secuencias simples, repetitivas y altamente adaptables, ofreciendo alternativas según sensibilidad, tono muscular, nivel de energía o tolerancia al contacto. Evito el exceso de estímulos y doy prioridad a la autorregulación integrando espontaneidad y prestando atención a los consejos y sugerencias de la persona cuidadora.
También pongo mucha atención en la comunicación: uso instrucciones concisas, imágenes, apoyos gestuales y un lenguaje pausado, que también deja espacio para el silencio. Y, por encima de cualquier técnica, cultivo una actitud de cuidado, paciencia y respeto por los procesos individuales. El objetivo no es “corregir” nada, sino crear un espacio donde la persona y su acompañante pueda habitar su cuerpo con más calma y confianza.

 

GATEA: En el podcast dices que “respirar juntos es otra forma de quererse”. ¿Cómo crees que el yoga puede mejorar la relación familiar en contextos tan demandantes a nivel emocional y físico, como es el caso del autismo?

CLEM: La experiencia compartida de la respiración y el movimiento tiene un efecto profundo en los sistemas nerviosos: los regula, los acerca y los sincroniza. En familias que viven con las demandas constantes del TEA —cambios, desbordes, imprevistos, hiperalerta— crear un momento donde el ritmo se vuelve común es casi un acto de reparación.

Cuando una madre, un padre o una persona cuidadora respira junto a su hijx, incluso sin hablar, se genera una co-regulación que reduce la tensión y aumenta la conexión. El yoga ofrece un espacio donde la familia puede relacionarse desde otro lugar: sin expectativas, sin exigencias, sin tener que “enseñar” o “dirigir”. Solo estar.
Esto transforma la relación, porque permite que haya un encuentro fuera de las dinámicas habituales de cuidado, objetivos e incluso urgencia o intervención. Respirar juntxs, moverse juntxs, descansar juntxs: todo va fortaleciendo un vínculo más tierno, más disponible y más capaz de sostener los desafíos del día a día. El yoga se convierte en un espacio donde la familia se siente acompañada, no evaluada.

 

GATEA: En tu experiencia, ¿qué papel juegan la actividad física, la respiración y el movimiento en el bienestar emocional de las personas con las que trabajas en el día a día?

CLEM: El cuerpo es un puente directo hacia el bienestar emocional, especialmente en personas con TEA. Muchas veces, la actividad física y el movimiento consciente ayudan a liberar tensión acumulada, regular la energía, disminuir la sobrecarga sensorial o evitar estados de bloqueo.

La respiración, por su parte, es una herramienta muy poderosa: bien guiada y adaptada, puede ayudar a reducir la ansiedad, mejorar la tolerancia a la frustración y generar un sentido de estabilidad interna. Incluso respiraciones muy simples —más largas, más lentas o más suaves— tienen un efecto inmediato en el sistema nervioso.
Cuando estas dimensiones se trabajan juntas, se crea una base de seguridad corporal: la persona aprende a reconocer señales internas, a anticipar incomodidad, a pedir pausa, a encontrar maneras de calmarse. Esto no solo mejora el bienestar emocional, sino que también empodera: provee más recursos para moverse por el mundo y para relacionarse con su entorno y con sus familias, y para descansar.